La telemedicina, al servicio de las personas mayores

Su implementación en centros geriátricos permite mantener consultas con los especialistas evitando el desplazamiento de pacientes con movilidad reducida.

Los datos son preocupantes. Según el informe elaborado por ‘The Family Watch’, que fue presentado la semana pasada, el índice de envejecimiento en España pasó del 36%, en 1975 al 108%, en 2012. Preocupante, porque estamos en tiempos de crisis, pero, sobre todo, porque en 2032 se prevé que más del 45% de la población será dependiente. Sólo en EEUU existen ya 37 millones de habitantes con más de 64 años. Y, aproximadamente, el 30% sufre enfermedades múltiples como diabetes, alzheimer, artritis, lo que está provocando complicaciones a la hora de proporcionar asistencia sanitaria, máxime si se tiene en cuenta que muchos de ellos requieren de varios especialistas.

Es, precisamente, en este marco donde la telemedicina se convierte en un arma eficaz que trae consigo otras ventajas: ahorrar costes, desplazamientos, agiliza las consultas con los especialistas y contribuye al mejor seguimiento de los enfermos crónicos. Pero, sobretodo, supone una herramienta imprescindible en los casos en los que la movilidad del paciente está claramente mermada.

Gracias a ella se pueden realizar consultas a distancia utilizando un protocolo de valoración geriátrica integral. Incluso este aspecto, puede ser más rentable y óptimo que la contratación de un geriatra local en zonas remotas tal y como ha constatado un artículo reciente publicado en el ‘British Medical Journal’. En ese mismo estudio se constataba además que en el caso de la gestión de las enfermedades crónicas en la tercera edad, ya hay muchos trabajos científicos que documentan como la teleasistencia mejora la eficiencia y la satisfacción de los usuarios en comparación con el desplazamiento a las consultas habituales.

El ejemplo de telemedicina aplicada al cuidado geriátrico de Singapur

Un ejemplo de los buenos resultados que está aportando la telemedicina aplicada al cuidado geriátrico es la experiencia que se está llevando a cabo en Singapur. Allí, la población también está envejeciendo ‘a pasos de gigante’. De hecho, se estima que para el 2030 una quinta parte de la población tendrá una edad superior a los 65 años. Ha sido en este contexto, en el que las autoridades de la isla han reconocido  la necesidad de desarrollar métodos más eficientes de prestación de servicios de salud para las personas mayores, en sus hogares o en instituciones. Así, el Programa de Informática Médica ha colaborado con la la Universidad de Singapur y el Hospital Alexandra para la implementación de un servicio médico ‘Telegeriátrico’  factible con el uso de la tecnología más avanzada para ofrecer servicios  médicos a sitios remotos. El sistema permite que los pacientes lleguen hasta los especialistas a través de teleconsultas. Así la terapia a distancia permite la telemotorización de los enfermos lo que se traduce en una reducción de las estancias hospitalarias y evita, además, ingresos innecesarios.

Pero, sobre todo, porque tal y como atestiguan los familiares de los pacientes de más edad o el personal sanitario que les asiste en las residencias geriátricas es extremadamente difícil transportar a ciertas  personas mayores al hospital. No sólo es  complicado para el personal sanitario, sino que ocasiona un grave perjuicio al propio paciente. El problema se agrava además cuando se producen casos de falsas alarmas, casos en los que el personal asistencial no puede valorar la gravedad real del paciente y opta por  recurrir a los servicios de emergencia, lo que constituye una pérdida de recursos y tiempo cuando la necesidad no es real.

Sin embargo, gracias a la telemedicina, con las instrucciones adecuadas a los médicos y enfermeras de las residencias se pueden administrar tratamientos sencillos sin necesidad de desplazamientos, además de que permite al personal tomar decisiones rápidas. También facilita reducir las estancias por rehabilitación en las personas mayores, porque se puede seguir a los pacientes en sus casas o en las instituciones que residan por videoconferencia, sin obviar que la actual tecnología permite realizar lecturas frecuentes de valores como el pulso cardiaco o la presión arterial.

La Telegeriatría en España

En España ya están en marcha interesantes proyectos de telegeriatría, por ejemplo teleconsultas en residencias geriátricas. La plataforma Phemium permite realizar teleconsultas interprofesionales entre un médico o médico especialista y el paciente acompañado. S e realizan desde un box de telemedicina o bien desde la habitación del paciente con un dispositivo móvil. Se facilita así el acceso a servicios médicos de proximidad sin necesidad de que los pacientes se desplacen. La plataforma permite concertar citas con los profesionales, esperar en salas de espera virtuales, compartir datos personales y realizar videoconferencias.  Se puede integrar además en el historia clínica o con dispositivos de recogida de datos vitales (peso, tensión, frecuencia cardiaca etc.). Esta misma plataforma permite también implementar la teleconsulta en los hogares de las personas mayores y facilita el seguimiento de enfermos crónicos. También es útil en los casos de rehabilitación.

La aplicación de la telemedicina al servicio de la geriatría abre numerosas puertas que pueden permitir mejorar la asistencia de los mayores. Así, el Hospital Universitario de Getafe (Madrid) ha iniciado un proyecto de investigación cuyo objetivo es valorar la utilidad de algunos de los marcadores clínicos y funcionales, y determinar la eficacia y eficiencia de la monitorización a distancia para mejorar el control y seguimiento de los pacientes ancianos con insuficiencia cardiaca.

Para ello, se distribuyeron entre 40 pacientes (aunque se espera recoger la información de más de 100) que participan en la investigación doce dispositivos de telemedicina que se conectan por bluetooth a un móvil. Ellos mismos son los encargados de medir variables como la tensión arterial, la saturación de oxígeno o frecuencia respiratoria entre otras cada 48 horas.

Además de remitir estas mediciones también responden a un sencillo cuestionario que valora aspectos básicos sobre su estado de salud y evolución. A su vez, el teléfono móvil recoge la información y ésta se archiva en un software, de forma que el médico puede consultar online a diario los resultados y en caso de encontrar algún cambio, según la gravedad de este, puede contactar con el paciente inmediatamente. El estudio permitirá conocer además la eficiencia del sistema y su impacto en la reducción de hospitalizaciones y consultas.

La propia Sociedad Española de Geriatría y Gerontología apuesta por la telemedicina como herramienta útil para los mayores. De hecho, precisa que los “pacientes no tienen que desplazarse a la consulta del médico, con el ahorro de tiempo que ello supone, pero, además, se mejora la atención de aquellos que viven en lugares muy remotos y que tienen difícil acceso a los cuidados médicos. Por otro lado, la teleconsulta facilita la atención de aquellos con dificultades de movilidad, que de otro modo tendrían que desplazarse en ambulancia o esperar a que el médico pueda visitarlos en casa, ambas alternativas más caras, y no siempre disponibles con la rapidez deseada. Estos ahorros en tiempo y en dinero pueden facilitar una mayor frecuencia de visita para los pacientes que más atención necesitan. Por último, la teleconsulta podrá permitir el acceso de las personas a ciertos especialistas en su enfermedad, incluso aunque estos no pertenezcan al mismo área de salud y no atiendan en la misma comunidad autónoma”. Se suma a ello, que “la teleconsulta se utiliza en el seguimiento de problemas crónicos, que ya han sido diagnosticados y que son bien conocidos, tanto por el médico como por los propios pacientes”.

No cabe duda de que la telemedicina se está convirtiendo y se convertirá en la mejor herramienta para la asistencia de los mayores, un sector de la población que está creciendo y que requiere ya de estrategias útiles y eficaces que contribuyan a mejorar su calidad de vida sin que por ello aumente la factura sanitaria o la carga asistencial en los centros médicos.